El siempre controvertido cineasta y documentalista Michael Moore ha vuelto a las andadas, esta vez con acusaciones a USA, su país natal, por haber sido "fundado sobre el genocidio y construida sobre las espaldas de los esclavos". "No es envidia, es la guerra, es una guerra de clases, es una guerra que ha sido perpetrada por los ricos contra el resto. La guerra de clases es lo que han comenzado, es de origen. El error que han cometido para hacer frente a la parte racial de esto, es, eh, sus botas en los cuellos de las personas de color desde que empezamos. Esta es una nación fundada sobre el genocidio y construida sobre las espaldas de los esclavos, está bien, así que empezamos con un problema racial", declaró. 

 
Moore pronunció su discurso inflamatorio en la cadena estadounidense CSPAN al hablar sobre el tema de la pobreza en USA. 
 
Son varios los que pueden pensar que, simplemente por ser un director de cine, los puntos de vista de Moore son irrelevantes. Otros argumentan, sin embargo, que sus películas (que por lo general se hicieron pasar por documentales) pueden llegara a influir en un público más amplio, por lo tanto adoctrinando a una gran cantidad de los menos informados. 
 
Que USA cometió genocidios es un tema debatible en cuanto a lo que en verdad se discute es el concepto mismo de civilización. Después de todo, deben ser contadas las naciones que no se han formado desde la matanza de otros. Lo hizo la dinastía Han en China, los mongoles, el Imperio Español, etc.  No es está una justificación, sólo una descripción de las realidades. 
 
En ese sentido no se termina de entender la novedad, las intenciones de Moore que sólo viene a reforzar una opinión muy corriente en la comunidad liberal en general -la opinión de que la "colonialista" USA sólo logró su éxito a través del "genocidio" -o, la implementación a gran escala de asesinatos en masa- y la explotación de los esclavos. Si bien esos datos son ciertos, sólo son parciales. 
 
Sus declaraciones no aportan nada nuevo, sólo resaltarse a sí mismo. Por eso parece propicio incorporar el artículo de Juan Perea y Esteban Hernández publicado ayer (20/01) en el portal español El Confidencial que nos cuenta cómo convertir la disidencia cultural en negocio:
 
"Si Michael Moore pensara, sería Thomas Frank". El New York Times celebraba así, al dar noticia del último libro del ensayista estadounidense, ex columnista del Wall Street Journal y actualmente a sueldo de Harper’s, tanto la antipatía que siente por el orondo cineasta como el afecto que profesa a uno de los autores estrella del periodismo americano.  Si en obras como ¿Qué pasa con Kansas? (Ed Acuarela) o Pity the billionaire ha reflejado con sentido del humor y claridad expositiva la realidad política de su país, en la recientemente editada en España La conquista de lo cool (Ed. Alpha Decay), Frank nos cuenta cómo la contracultura no fue sólo cosa de hippies greñudos, sino de elegantes y modernos ejecutivos publicitarios que aprovecharon las ideas de una época para llenarse los bolsillos.

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